
"Mi cafetera andaba un poco tristona en aquella época. Nunca había sido una cafetera normal, eso no se puede negar. Porque, ya se sabe, esas italianas siempre son un poco locas, nunca tienen la cabeza en lo que tiene que estar. Pero bueno, yo no me había preocupado hasta aquel día, se puso muy nerviosa, rompió a llorar y el café borboteaba y se derramaba por toda la cocina. Me contó, ya más tranquila, que no se sentía bien, que desde hacía mucho se sentía encerrada en su cuerpo.
Ahora trabaja en un zoológico."
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