Los fines de semana van siendo cada dia mas encantadores, mas esperados, y los principios mas tristes y duros. Asi que esto se va pareciendo cada vez mas a una vida normal.
Hoy me he sentado como cada dia a almorzar a orillas del canal Saint Martin y el sol pegaba fuerte -esta haciendo un otoño estupendo-. Y dos ucranianos se han empeñado en darme conversacion. Me han dicho que qué guapa, que si te digo un poema, que si nos reimos un rato y me han roto el climax. Como he podido me he escapado, no eran de esa gente que se convierten en amigos para toda la vida.
Pero bueno, esta ciudad da para mucho, ayer pasee por los alrededores del Pantheon, y es todo precioso. A ver si un dia me encuentro en casa en esta ciudad, y descubro que hasta me da penita irme.
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Pero, como es como en casa?, desde que llegué aquí he estado en cinco pisos diferentes, y siempre he tenido la sensación de que de uno iba inevitablemente a otro, así que mejor estar ligero de equipaje y no desempacar mucho. Pero de Madrid también me fui con la sensación de que aquella, con los años, es cada vez menos mi casa, aunque en realidad siempre lo será, y obviamente muchisimo más que cualquiera de aquí. Vaya galimatías.
Uno mismo también puede ser una casa incomoda, si eres de los que no soportan a veces oir su propia voz en la cabeza, aunque es necesario aprender a estar solo, y muy util si te cruzas con dos ucranianos de sicalípticas intenciones.
Supongo que estar en casa es estar abrazado a ti debajo del edredón, o es lo más cerca que se puede estar, supongo, y da igual debajo de que edredon, como si es la manta en la que durmió un perrete de esos que levantan las orejillas y menean el rabo cuando los miras.
Pero que lindo eres!
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