
'El pensador' Rodin

(De este no me sé el nombre, pero también parece pensativo) Rodin

(Cantante?) Rodin

Detalle de escultura, Museo Guimet

Café modernete en el Palais de Tokio

Fin de fiesta con Shreck, Laurent, Caroline y Renaud en Le Kitch
Resulta que ayer aproveché un día soleado y primaveral y me lancé a la calle en el primer domingo de mes en el que todos los museos (no privados) son gratuitos, e hice realidad, la tanta veces postergada por el mal tiempo, visita al Museo Rodin.
Y... qué maravilla. Resulta que el museo está en la calle, en un pequeño jardín al estilo versalles, coronado por las esculturas, del grande, del adorado Rodin. Así que con El Pais bajo el brazo (lo siento, hay costumbres que no puedo afrancesar) sentada en un banco bajo el sol, y frente a Balzac, petrificado, broncificado, más bien, disfruté de una mañana de domingo redonda.
Porque la verdad es que lo disfrutable es pasear por los jardines y ver las esculturas en libertad, que es cuando cobran sentido. Porque dentro del Hôtel Biron las esculturas y bocetos se amontonan en un entorno demasiado espectacular como para dejar disfrutar la obra. Lámparas de araña cuelgan de los techos, molduras, espejos en los que la falta de azoge hace viajar a tu reflejo a épocas de corsés, pelucas blancas de rizos y bailes de la aristocrácia. Allí se mezclan las obras del artista con cuadros de Van Gogh o vasijas griegas, sin ningún criterio de clasificación. Es una maravillosa locura.
Y merece la pena.
Rodin. Fue admirado y endiosado en vida como pocos artistas y aún menos escultores a lo largo de la historia. Francia se rindió a su encanto y a su talento. A pesar de los asuntos de oscuro corte respecto a Camille Claudel, a su posible tiranismo y a quién sabe qué más cosas, fue un genio. Uno sólo de los rostros o de las manos, que vi ayer brillar al sol, le justifica. Cuerpos de bronce que son como una nueva raza humana que se funde en metal. Vida mineral, pies que se hunden, cuerpos creados a golpes de sentimiento...
Después para no perder el hilo cultural de la jornada me fui al Museo Guimet (Museo de las Artes Asiáticas) y... qué tesoro! Pero me faltó tiempo y energía.
Para reponer fuerzas tomé un café y apuré el periódico en el café del Palais de Tokio (lugar de encuentro de lo más moderno y vanguardista de la ciudad. Imprescindible: la arquitectura.)
La verdad es que París es una jungla de la cultura. Digerir tanto arte en poco tiempo puede ser malo para la salud. Corres el riesgo de atragantarte. Así que hay que ir con cuidado, elegir los lugares, dosificar las cantidades...
Para desentoxicarme de cultura me tome tres Shreck (especie de mojito helado!) con Laurent en un bar llamado Le Kitch en los alrededores de República, al que luego se sumaron Caroline y un espontáneo!
En resumen fue un día genial!